No a las papillas para niños y bebés, por Mery Bernardi

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He descubierto que no quiero criar a mi bebé a base de papillas. Y tengo una explicación para esto: durante muchos años, generación tras generación, nos han enseñado que los bebes y niños pequeños deben comer todo en papilla. Churrasquito en papilla, zanahoria en papilla, papa en papilla. Todo. Creando las mezclas más locas que se ocurran con tal de que ese bebé se trague las cantidades de nutrientes y vitaminas que creemos, son necesarias para su bienestar, hemos tomado la costumbre de tirar todo en el vaso del mixer y hasta mañana.

Fideos con verduras hervidas con pollo a la plancha. Cous cous con churrasco de carne y zanahoria. Zapallo con boniato, papa y lomo salteado. Todo lo hemos vuelto puré. ¿Y qué pasa? Dicho bebé que solo se alimenta de papilla, se acostumbra a no sentir texturas, a no masticar, a no diferenciar un sabor del otro y por ende, a no decidir qué le gusta y que no. Al año y medio de vida, cuando queremos comenzar a darle ALGO sólido, solo logramos que coma pan y si es blandito. Todo el resto le parece raro y poco familiar. Si le damos unas papitas en cubos las mira raro. Un pedazo de tomate, lo escupe. Unos bastones de zanahoria, ni los mira. ¡Esos colores! ¡No entiende nada! Como le inculcamos que todo va molido, a la hora de comer comida en estado natural, la rechaza. Y lo que es más raro de todo, es que los bebes pequeñitos, no hay cosa que no se lleven a la boca. Si a la hora de comer solo le ofrecemos papillas, estamos limitando esta experiencia a que sea de papillas y nada más. Y luego, va a seguir llevándose todo a la boca, menos la comida sólida (inclusive papel y tierra).

Entonces, mi consejo es que: cuando comencemos a introducir la comida en los bebes y luego sigamos cuando aún son chiquititos, dejemos que tomen alimentos al alcance de sus manos. Despertarles la curiosidad y las ganas de tocar, oler, probar. Que sientan texturas. Que chupen fruta fresca con esas redes especiales para dicha tarea. Que toquen el pan y se lleven de a miguitas a la boca. Que el puré de papas tenga una mínima textura de papas. Que cuando le demos carne, sea en pedacitos chiquititos al principio y luego un poco más grande. Cuando tengan la edad suficiente, les ofrezcamos pedacitos de tomate, guisito de arroz con verduritas de colores visibles a sus ojos. Pastel de carne, bolitas de quínoa, albondigas de pollo, zanahoria en bastones, manzana en  gajitos, pera, banana en rueditas.

No trituren la comida por comodidad de ustedes (porque obvio que es más fácil moler todo, mezclarlo y que se lo trague rápido así terminamos lo antes posible con el asunto) NO. Tomemonos el trabajo de enseñarle los alimentos a nuestros niños, y que ellos decidan que les gusta y que no. No los obliguemos a comer si algo no les gusta. Probemos que sí les agrada y agrandemos cada vez más el abanico de posibilidades. Y repito… soy una convencida que a los niños, NO hay que obligarlos a comer. Ellos mejor que nadie saben cuanta comida necesita su cuerpo. Y otro punto crucial, si un día un niño no quiere comer, no le ofrezcamos golosinas o comida chatarra “con tal de que coma algo…” Recuerden que somos los adultos los que traemos a nuestras casas alfajores, galletitas, chocolates. Ellos por si solos no los pueden consumir si nosotros no se los proveemos. Preferible que se saltee una comida a que coma cosas malas para su salud. Son niños y obvio, si saben que existe la posibilidad, van a querer la golosina antes que la verdura.

Probemos con distintos menús, distintas recetas, distintas opciones. Y si desde pequeños los familiarizamos con texturas, colores, sabores, aromas, tanto más mejor. Y recuerden, nosotros damos el ejemplo. Si vivimos a fritos y no tocamos una verdura ni por decreto, no esperemos que nuestros hijos desarrollen mágicamente amor por lo sano. Lo que ven, imitan. Así que, comer variado y saludable.

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