Emociones al plato

Emociones al plato

Por: Soledad Mangieri | Nutricionista

¿Hay momentos en los que comes porque estás pasando un mal momento y terminas encontrando un consuelo en el alimento? Si consumes alimentos no porque tu cuerpo necesite reponer energía, sino porque apareció una necesidad repentina, puede ser que estemos ante un problema denominado hambre emocional.

La palabra “emoción” proviene del latin “ex – movere” que significa mover hacia el exterior. Esto nos muestra que existe una íntima relación entre el sentir y el actuar. El problema es cuando no sabemos manejar esas emociones de forma adecuada y terminamos actuando de formas que pueden ser perjudiciales para nuestra salud y bienestar.

Claro está que en los momentos de dificultad no recurrimos a opciones saludables. ¡Nadie recurre a una manzana cuando se siente ansioso, angustiado, triste o enojado! En cambio, optamos por los alimentos que aportan grasas y azúcares ya que otorgan una sensación de placer al estimular la liberación de endorfina y dopamina, comúnmente llamadas hormonas de la felicidad. 

Entonces, ante un sentimiento negativo o una situación estresante, recurrimos a chocolates, helados, galletitas, alfajores, snacks, pizza, fiambres, etc. Pero se nos escapa un detalle: ¡la comida NO sirve para regular emociones! En cuanto acaba el placer momentáneo de comer las emociones que desencadenaron esas ganas de comer permanecen. Después vienen los sentimientos de culpa, enojo e impotencia que empeoran el malestar. Así se genera una encrucijada de sentimientos, un círculo vicioso que repercute en nuestra salud física y emocional.

Si te identificas con esta situación, hazte una pregunta: ¿es mejor el placer momentáneo, de apenas minutos, que camufla transitoriamente el problema de fondo o el placer de poder superar momentos adversos y disfrutar de la comida sin culpas ni remordimientos?

Conocer y reconocer las emociones que provocan ingestas inadecuadas es el primer paso para poder encontrar otra forma de afrontar la situación sin refugiarte en los alimentos.  

Cuando sientas el impulso por comer, date 5 minutos, respira profunda y lentamente, cambia la rutina y distrae a tu mente. Por suerte existen muchas actividades que pueden resultarte placenteras y que son beneficiosas para tu salud. ¡Está en vos descubrirlas!

 

 

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