Avanzar, dejar ir: Te amo, mucho, por Belu Mare

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¿Cómo están?
Hoy empiezo con unos artículos nuevos que voy a escribir sobre historias, experiencias y situaciones de
personas que tiene que dejar ir, avanzar, aprender. Creo que todos nos podemos identificar con estas
situaciones o porque no con las historias que iré contando.

Los que me conocen, y también los que no, saben que yo leo mucho por la web, me meto mucho en temas y siempre aparecen cosas nuevas.
Leyendo cosas para mí, por tristezas o cosas que me pasan, me encontré con historias de otros que
ayudan a entender cosas de uno. En fin, solo quería contarles lo que se viene porque van a empezar a
leer casos. También me gustaría que ustedes puedan compartir sus experiencias o simplemente contar si
les ayuda, o como atravesaron ciertas situaciones. Porque esto es un blog, esto es un espacio donde
también nos podemos ayudar entre todos.
Todas las historias que voy a contar me llegaron, me dolieron, aprendí, entendí, conocí.
En el artículo de hoy vamos a hablar sobre una historia de amor y dejar ir, pero no en el cliché que ya te
estas imaginado. Además antes quiero contarles que en verdad enterarme y entrar en el instagram de
una actriz que capaz que muchos conocen de los años 90 llamada SELAM BLAIR me hizo reflexionar y
sentir muchas cosas. Selma está pasando por una enfermedad llamada esclerosis múltiple y está
contando en su cuenta de instagram todo lo que está sintiendo, como la enfermedad va avanzando y etc
de cosas que vale la pena seguir y apoyar. Así que esto fue el disparador principal de todo.

Esta es la historia de Abby Maslin, una maestra de escuelas públicas en Washington DC que tenía una
vida rutinaria, ‘normal’ (detesto usar esa palabra pero es para que se entienda) hasta que su marido fue
víctima de un brutal asalto que lo dejo con un traumático y fuerte daño cerebral.

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Abby desde ese entonces estuvo escribiendo todo el proceso, las cosas buenas y las cosas malas, los dolores, todo en su web blog ABBYMASLIN.COM – por si quieren ir a leer más –
Acá su relato:
Observo a mi esposo con atención mientras trata de sostener su taza de café. Se le está por caer, rápido
trato de ayudarlo pero enseguida se maneja para evitar que caiga al piso. Cada mañana cuando se está
vistiendo lo observo mientras se prende los botones de su camisa y se pone su buzo. Como pasa
siempre, su último botón queda ahí sin prender, porque todavía cuesta. En mi cabeza pienso si me
conviene meterme o mejor quedarme callada y dejarlo. Me hago preguntas como ¿le limpio la comida que
le quedo del lado derecho de su cara? ¿Le acomodo los botones de la camisa que le quedaron mal
puestos? Y la mayoría de veces me pregunto si debería mirar para otro lado y pretender que no me doy
cuenta de todas los cambios que está sufriendo un hombre que antes era independiente, profesional y
podía hacer todo solo. Todos los días a mi cabeza llegan preguntas sobre todo mientras que estoy en un
vaivén entre cuidadora y esposa. Todavía me choca saber qué hace un año mi esposo estaba viajando
por el mundo dando presentaciones con su empresa sobre el futuro de la energía renovable.
Ahora empezamos un nuevo capítulo en nuestra vida. Algo así como VIDA PARTE 2.
¿Cómo te llamas? Le pregunto. – Dan, Daniel – me responde. La debilidad en sus músculos derechos le
cambió el tono de su voz.

¿Cuándo es tu cumpleaños? – Setiembre, setiembre 3 – me responde. Y es otra vez correcta.
Ahora se la complico un poco más y le pregunto: ¿De dónde sos? Y el rápidamente me responde:
Setiembre. Puede notar mi cara de que se equivocó. Trata de nuevo: ´setiembre’. Con decepción me
pregunta porque sigue diciendo esa palabra cuando sabe que no es la respuesta correcta. Y acá empieza
la charla que todos los días tenemos en esta nueva vida.
-Porque estas con daño cerebral y a veces tu cerebro necesita más tiempo para poder procesar las cosas
que acaban de escuchar – Mi esposo tiene tan solo 30 años pero trabajo más duro que muchas personas de 85 años. Todavía no puedo creer que hace 7 meses un grupo de hombres le pegaron en la cabeza para robarle tan solo el celular viniendo hacia casa. Siempre me pregunto porque a él, un chico que trabaja duro, que hace las cosas bien. Porque le toco a él.
Pero mi esposo no piensa de esa forma. El rara vez ve la dificultad en el camino. El ve todos los
obstáculos como desafíos a vencer. Que lo harán crecer, lo harán convertirse en la mejor versión de sí
mismo.
Para mí, por otro lado, la tarea de dejar ir es tremendamente dolorosa. Yo no quiero dejar ir. De noche
agarro la computadora y me pongo a mirar fotos y videos nuestros, el, su voz, todo es diferente.
Dejar ir nuestra vida antes del robo, antes del daño cerebral es como dejar una adicción. Una vez que la
dejaste estas libre, pero nunca vas a dejar de pensar en esa adicción. Aparece. No puedo hacer un duelo
de mi esposo porque él esta acá, vivo. Pero nunca voy a dejar de extrañar al hombre con el que me case
y que no va a volver. Eso es lo difícil.
Todos los días mi esposo es más fuerte. Está más fuerte.
Mientras tanto él me besa y me mira a los ojos.
‘Te amo, te amo mucho’ – le respondo: ‘yo también, mucho’

 

Thomas "TC" Maslin and wife Abby Maslin in Washington in late 2012, a few months after he was assaulted with a baseball bat that crushed the left side of his head and left him in a coma for days. Illustrates RECOVER (category l), by Keith L. Alexander (c) 2013, The Washington Post. Moved Saturday, July 27, 2013. (MUST CREDIT: Photo courtesy of Abby and Thomas Maslin)

 

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